Un cuerpo fofo esconde un hueso débil.

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Desde que María Rossich, licenciada en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte y especialista en alto rendimiento deportivo comenzó a profundizar en el estudio del cuerpo femenino y sus capacidades en el ámbito deportivo tuvo algo claro: una maquinaria de precisión de este calibre requiere una atención específica. Y aunque afirma que no siempre pensó así, hace mucho que tiene claro que no es igual entrenar a un hombre que a una mujer, pues el trabajo con el cuerpo femenino ha de ser completamente distinto al que se hace con el masculino. Una de las claves reside en el ciclo menstrual, que influye de forma decisiva en el rendimiento deportivo. De hecho asegura que durante la elaboración de su libro «El Método ACM» se dio cuenta de que el metabolismo de una mujer fértil varía en cada una de las fases del ciclo y que es algo así «como si tuviéramos cinco caras diferentes que nos llevan a trabajar de forma distinta en cada momento».

Algunos de los apuntes que pueden resultar llamativos y que revela en su libro «El Método ACM» son estas diferencias entre hombres y mujeres a la hora de entrenar: «Cuando se dice que el hombre es más fuerte, en realidad hay que matizar que es más fuerte si hablamos del tren superior, pero el tren inferior de la mujer es más fuerte. Y si hablamos de dolor, una mujer lo tolera mucho mejor que el hombre. Además, la recuperación muscular es mejor en el caso de una mujer (siempre que esta no tenga la regla en ese momento)», revela Rossich.

El trabajo de fuerza, muy necesario

Una de las cuestiones en las que incide especialmente desde su cuenta de Instagram @Womanpersonaltrainers es precisamente la necesidad de trabajar la fuerza, sobre todo a partir de los 40, pues a medida que van pasando los años y una mujer se acerca a la perimenopausia o a la menopausia los niveles hormonales producen una disminución de la densidad ósea. «Cuanto más quieta estés más delicado será tu hueso. Un cuerpo fofo denota un hueso débil», aclara.

Una fórmula para trabajar la densidad de los huesos puede ser el trabajo de impacto o los microimpactos con máquinas vibratorias, sin embargo eso es algo que, según explica puede tener consecuencias para el suelo pélvico, si está lesionado o está débil, por lo que María Rossich ve más adecuado el trabajo de fuerza muscular, bien pausado y con buenas respiraciones, que no afecten a la presión intrabdominal ni al suelo pélvico. «Trabajar la fuerza muscular hace que el músculo ejerza una tensión sobre el hueso que lleva a un aumento de la densidad ósea. Y esto es aún más necesario en los casos de menopausia precoz, anorexia o trastornos alimentarios que hayan podido afectar a la porosidad del hueso», destaca.

Sobre este punto la entrenadora personal insiste en que «no se trata de matarse entrenando, ni de hacer rutinas con las que acabemos destrozadas», sino que lo aconsejable es empezar trabajando con unas pesas normales (de unos dos kilos) haciendo ejercicios básicos con 12 repeticiones y tres series para, a partir de ahí, ir avanzando progresivamente en función de la condición física y las capacidades.

Para María Rossich el trabajo de fuerza está directamente vinculado con la salud y no con la estética. Por eso, cuando se le pregunta por esos miedos a tener un silueta «demasiado musculosa» asegura que es algo que se desmitifica rápidamente, con solo recordar tres cosas: una es que ella se pasa el día trabajando la fuerza y su aspecto no es demasiado musculoso, otra es que el desarrollo muscular va ligado a los niveles de testosterona y en realidad los hombres tienen 18 veces más testosterona que las mujeres y la última es que las mujeres poseen un 12% menos de masa muscular que los hombres. En definitiva, si para algo sirve el trabajo de fuerza es para «sentirse mejor, más poderosa, con menos dolores y más activa», pero no para convertirse en «Hulk» en versión femenina, ni muchísimos menos.

El ejercicio en casa ha llegado para quedarse

A lo largo del confinamiento y la posterior desescalada María Rossich fue una de las entrenadoras que más activa se mantuvo desde su cuenta de Instagram compartiendo de forma desinteresada ideas y rutinas para promover la práctica de ejercicio durante esas etapas tan difíciles. Tras esa experiencia, que hizo con la intención de divulgar la necesidad de hacer deporte para ganar salud y para que sus conocimientos resultasen útiles a aquellas personas que se sentían «perdidas» sin poder salir de casa, le quedó claro que el «entrenamiento virtual» había llegado para quedarse y que para los entrenadores personales era un momento en el que «o evolucionabas o morías».

Es cierto que muchas de sus propuestas ya estaban centradas en promover el ejercicio en casa, pero confiesa que desde el comienzo del verano las propuestas de trabajo o de colaboración que le han llegado desde distintos ámbitos están centradas en el mundo virtual. De hecho en los próximos días participará en varias acciones de gimnasios virtuales promovidas por Sprinter y por Go Method. Además, continuará con sus entrenamientos personalizados vía Zoom y el próximo 21 de septiembre lanza junto a la nutricionista Marta Obrador y la chef saludable Bárbara Martí un plan de 30 días denominado «Balance Program 2.0», cuyo objetivo es enseñar a las mujeres a comer y a moverse de forma saludable, equilibrarse y afianzar hábitos.

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